Necesitamos una Ley Integral contra la Prostitución y Trata de Personas

Comunicado Plataforma Catalana Pel Dret a No Ser Prostituïdes

cropped-img-5042Dissabte passat va morir Lily, una dona romanesa de trenta anys que era prostituïda als carrers del Raval. Patia de leucèmia i, poques hores abans, havia rebut una brutal pallissa per part d’un proxeneta. Els veïns del barri sabien que feia anys que era objecte d’aquestes violències, però resistia perquè tenia fills a Romania als quals enviava diners, però també perquè tenia por de les màfies que la controlaven.

Realment costa admetre que algú pensi de debò que aquestes dones triïn lliurement la prostitució. Són dones que arriben aquí traficades i tractades com a esclaves. I no les estem rescatant perquè no representen una prioritat política, però també perquè ens manquen les eines necessàries per fer-ho.

Necessitem que la Llei Integral contra la Tracta i el Tràfic de Persones, que va començar a elaborar-se al Congrés dels Diputats, esdevingui una prioritat de a legislatura que s’obrirà a partir de les properes eleccions del 28 d’abril i es tramiti amb caràcter d’urgència. No podem permetre que els drets de les dones siguin vulnerats d’aquesta manera en ple segle XXI. No podem seguir mirant cap a una altra banda com si la prostitució fos una condemna bíblica per a la humanitat. Hem de garantir una transformació social que permeti que totes les dones puguem triar el nostre destí. Perquè cap de nosaltres no mereix viure i morir com Lily.

Plataforma Catalana Pel Dret a No Ser Prostituïdes

Barcelona – 8/4/2019

Comunicado /cast

El sábado murió Lily, una mujer rumana de 30 años, que era prostituida en las calles del Raval. Estaba enferma de leucemia y, pocas horas antes, había recibido una brutal paliza por parte de un proxeneta. Los vecinos del barrio sabían que llevaba años recibiendo palizas, pero que resistía porque tenía tres hijos en Rumanía a los que enviaba dinero, pero también porque tenía miedo de las mafias que la controlaban.

Realmente cuesta pensar que hay personas que sinceramente piensan que estas mujeres eligen libremente la prostitución. Son mujeres que llegan traficadas, y son tratadas como esclavas y a las que no estamos rescatando porque no es una prioridad política pero también porque faltan herramientas para hacerlo.

Necesitamos que la Ley Integral contra la Trata y el Tráfico de Personas que comenzó a redactarse sea una prioridad de la legislatura que se abre tras las elecciones del 28 de abril y que se tramite con urgencia en el Congreso de los Diputados. No podemos dejar que los derechos de las mujeres se sigan vulnerando de esta manera en pleno siglo XXI. No podemos seguir mirando para otro lado como si la prostitución fuera una condena de la humanidad que no podemos remediar. Tenemos Que garantizar una transformación social que permita que todas las mujeres podamos elegir nuestro destino. Porque ninguna mujer se merece vivir y morir como Lily.

Plataforma Catalana Por el Derecho a No Ser Prostituïdas

8/4/2019

Por qué los chicos no temen que les violen

Un curso de la ULE desvela las causas de la violencia sexual. El 80% de las agresiones sexuales no se denuncian.

Jornadas de diversidad sexual en le salón de actos de Derecho /Participa en el mismo el profesor de la Universidad de León @unileon Enrique Javier Díez Gutiérrez @EnriqueJDiez y de ZeroMacho Hombres por la Abolición de la Prostitución.

«Las chicas no son más miedosas, pero su experiencia es que tienen más riesgo de sufrir una agresión sexual. Eso a los hombres no nos sucede. Es improbable que los hombres suframos una agresión sexual», afirmó ayer Enrique Díez Gutiérrez, en representación del Grupo de Hombres por la Igualdad Prometeo de León.

En las II Jornadas sobre Género, Diversidad Sexual y Derecho que se celebra en la Facultad de Derecho organizadas por la Defensoría de la Comunidad Universitaria de la ULE, el profesor Díez Gutiérrez subrayó que «la cultura patriarcal y el machismo» han marcado la socialización de los chicos junto con el mandato de género de «competir, ser duros, conquistar». «Nos han cuidado más de lo que cuidamos, desde pequeños gozamos de más de independencia y más tiempo libre, se valora más nuestros pequeños esfuerzos corresponsables…», aludiendo a los privilegios masculinos que conforman la cultura patriarcal, caldo de cultivo de la violencia sexual.

Y desarrolló extensamente dos de los elementos de esa cultura patriarcal que generan la violencia sexual: la pornografía y la prostitución.

Pornografía

La mayoría de adolescentes y jóvenes se inicia y conoce su sexualidad a través de la pornografía. El sistema educativo español ha dejado todo el campo libre de la educación afectivo-sexual al porno, que los adolescentes consumen con avidez dada su intensa curiosidad. La primera consecuencia es la distorsión que sufren muchos jóvenes cuando inician sus relaciones sexuales, con patrones de conducta basados en contenidos trufados de violencia y sumisión (Martin-Arroyo, 2017).

Porque, como dice Gloria Casas, la pornografía supone una “cosificación sexual, donde somos reducidas a ser tratadas como orificios, donde nuestra deshumanización está en el centro del espectáculo” (Casas Vila, 2016).

Los datos: El 10% de los consumidores de pornografía en internet son menores de edad, cada segundo 30.000 personas ven pornografía y el 25% de las búsquedas en la web son sobre pornografía.

La pornografía no es sexo, ni sexualidad, ni educación sexual, sino un material a través del cual los hombres aprendemos a concebir un determinado rol masculino que está en la base de la violencia sexual al estar ligado a las formas más brutales de la dominación, el uso y la violencia hacia las mujeres. De hecho, los estudios demuestran que la pornografía parece “inducir a sus espectadores a trivializar la violación” (Hald, Malamuth, & Lange, 2013; Rasmussen, 2016; Wright, Tokunaga, & Kraus, 2016).

La pornografía es una escuela de violación, porque se aprende a tratar a la otra persona como a un objeto. El porno no vende sexo, vende dominación masculina. El porno erotiza el sometimiento de la mujer de manera que la excitación sexual es compatible con el abuso.

¿Por qué millones de hombres se excitan y se complacen con el papel de violadores y agresores que les otorga el porno? Lo que estoy diciendo es que la pornografía educa, efectivamente, pero en la agresión y la violencia sexual.

En primer lugar, porque la producción de porno implica mujeres reales que son usadas y abusadas. En segundo lugar, la investigación demuestra que la agresión física y verbal es la norma, no la excepción, donde la cultura de la violación es erigida en modelo, difundiendo la idea que a las mujeres les gusta ser humilladas, violentadas, que “cuando dicen no, en realidad quieren decir sí”. (Casas Vila, 2016).

El mensaje que toda pornografía lleva es este: ella quiere; ella quiere ser forzada. Esta es la premisa de toda la pornografía. A ella le gusta” (Dworkin, 2017).

Algunas personas dicen que la pornografía es solo fantasía, pero la pornografía no es una fantasía. Las fantasías suceden en la cabeza y el porno pasa en los platós del capitalismo. La pornografía es una de las industrias capitalistas patriarcales con más beneficios a nivel mundial a base de destruir la vida de miles de mujeres y niñas. Y es un arma de destrucción de nuestras sexualidades[1].

Prostitución

La pornografía es la pedagogía y el marketing de la prostitución. La prostitución es una forma de violencia de género y agresión sexual[2]: soportarla equivale a lo que en otros contextos se define como acoso o abuso sexual. Acaban sufriendo los mismos traumas que los veteranos de guerra y las víctimas de tortura.

Como explica Peter Szil (2015): “La prostitución son boca, vagina y ano, penetrados por un hombre y después otro hombre y después otro más y otro más y otro más. La conversión de las mujeres en objetos sexuales es un proceso de deshumanización en cuyo extremo final está la violencia sexual masculina. Es esto lo que la prostitución institucionaliza, ya que el cliente consigue de la persona prostituida (que no ha elegido hacer el amor con él) algo que de otra manera no podría conseguir sino con violencia. El cliente (y con él la sociedad) oculta ante sí mismo el hecho de la violencia interponiendo una infraestructura (manejada por los proxenetas) y el dinero”.

Tenemos que analizar las razones que explican por qué en una sociedad más abierta y libre, como la española tras la etapa de la dictadura franquista, sigue habiendo tantos hombres y jóvenes que acuden. En España un 39% de varones ha sido al menos una vez cómplice de este opresivo sistema. Casi la mitad.

Las investigaciones sobre el tema llegan a tres grandes conclusiones: 1ª.- «un número creciente de hombres busca a las prostitutas más para dominar que para gozar sexualmente. En las relaciones sociales y personales experimentan una pérdida de poder y de masculinidad tradicional, y no consiguen crear relaciones de reciprocidad y respeto con las mujeres con quienes se relacionan. Lo que buscan en realidad es una experiencia de dominio y control.

Parece como si estos hombres tuvieran un problema serio con su sexualidad, no siendo capaces de establecer una relación de igualdad con las mujeres, que creen que debe de estar a su servicio. Como si cada vez que las mujeres consiguen mayores cotas de igualdad y de derechos, no fueran capaces de encajar una relación de equidad y recurrieran a relaciones comerciales por las que pagando se consigue ser el centro de atención exclusiva, regresando a la etapa infantil de egocentrismo intenso, y una relación que no conlleva necesariamente ninguna “carga” de responsabilidad, cuidado, atención o respeto y equivalencia.

2ª.- Una segunda conclusión relevante de los estudios nacionales es que España es uno de los países donde el «consumo» de prostitución está menos desprestigiado. Las encuestas indican que un 27% de los españoles acude de forma habitual a la prostitución, sin que se les reproche socialmente. De hecho, parece que hay un consentimiento social ya no tácito, sino explícito, en mantener estrategias y formas constantes que “alivian” la responsabilidad de aquellos que inician, sostienen y refuerzan esta práctica.

3ª.- La tercera conclusión es que este consentimiento social influye en el proceso de socialización de los chicos y jóvenes en el uso de la sexualidad prostitucional. Si la regulamos como una profesión, como propone Ciudadanos estaríamos diciéndole a las niñas que la prostitución podría ser un posible nicho laboral para ellas y los niños que podrán comprar a sus compañeras con dinero.

[1] La única diferencia entre el supuesto porno «feminista» y el porno comercial hardcore, es que en el porno «feminista» las mujeres estarían prestándose voluntarias a su propia degradación, en lugar de que les sea impuesta por los hombres. Todo lo demás es igual – la erotización de la dominación y la sumisión, y la representación de la opresión como sexy – permanecen intactas. El mismo mensaje es enviado: la violación de mujeres y la violencia sexual contra las mujeres es super sexy. ¡Que revolucionario! Pero esto es lo que el feminismo de la tercera ola «pro-sexo» es: cuando las mujeres se hacen cargo del trabajo duro para oprimir a otras mujeres para que los hombres pueden relajarse y simplemente disfrutar del espectáculo. Porque si nos presentamos voluntarios para nuestra propia opresión, ya no está oprimiéndonos más. No cambias las condiciones materiales de la vida de las mujeres, te limitas a cambiar la definición de lo que nos sucede por algo distinto y voilá: la opresión desaparece!

[2] No puede ser regulada como una profesión, aunque haya mujeres que viven de ir a los platós de televisión a decir que han elegido libremente ser putas: no hay libre elección real porque no hay igualdad en la relación / no se puede considerar como consentimiento libre una actividad que atenta contra los derechos humanos, que priva de su libertad sexual a las mujeres / en nombre del bien común, se ponen límites al libre consentimiento (venta de órganos, ablación de clítoris, etc.). La prostitución es una explotación y un abuso sexual, al margen del consentimiento de la víctima. La actitud democrática ante la esclavitud o la prostitución se basa en el rechazo a un estatuto degradante para la dignidad humana, a la conculcación de un derecho humano, no en la percepción que cada esclava pueda tener acerca de su condición. Si la integramos en la economía de mercado, estamos diciendo que es una alternativa aceptable para las mujeres y, por tanto, si es aceptable, no sería necesario remover las causas ni las condiciones sociales que la posibilitan. Así se refuerza la normalización de la prostitución como «opción para las pobres».

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